CURIOSIDAD LITERARIA DE MARZO: La “resurrección” que demostró el poder del lector.
Si creemos que los fandoms actuales son apasionados, la época victoriana nos demuestra que la intensidad literaria no es un fenómeno moderno. En 1893, Arthur Conan Doyle tomó una decisión radical: matar a Sherlock Holmes en el relato ambientado en las Cataratas de Reichenbach. El escritor estaba cansado de que el detective eclipsara el resto de su obra. Aspiraba a escribir novelas históricas y textos que consideraba más elevados. El resultado fue inesperado. Más de 20.000 lectores cancelaron su suscripción a The Strand Magazine, donde se publicaban las aventuras del detective. La reacción fue tan intensa que se habla incluso de hombres paseando por Londres con brazaletes negros en señal de luto. Sherlock Holmes no era solo un personaje, era casi una figura nacional. Durante una década, Doyle soportó presión constante, cartas de protesta e insistentes propuestas económicas. Finalmente, cedió. Holmes regresó primero en format...