NO HABÍA NACIDO PARA VIVIR ENJAULADA, AUNQUE OTROS LO HUBIERAN DECIDIDO POR ELLA.
La protagonista es Kehinde, una jovencísima nigeriana que, debido a las circunstancias familiares, se ve obligada a dejar atrás sus sueños y aceptar un matrimonio concertado para poder ayudar a los suyos. Se trata de un personaje que me ha conquistado desde el principio y cuya evolución ha sido, sin duda, una de las cosas que más he disfrutado. Acompañarla en ese camino, descubrir sus ilusiones, sus sueños, pero también sus dudas, sus temores y sus lágrimas, ha sido maravilloso. Ver como poco a poco va encontrando su propia voy y como empieza a cuestionarse la vida que otros han elegido por ella es una de los puntos fuertes de la novela.
Pero Kehinde no está sola, los personajes secundarios tienen muchísimo peso y están construidos con un mimo que se nota a lo largo de toda la historia. Adoro a Ama y a Aya, dos personajes que me han conquistado por su lealtad y su sororidad. Me he enamorado de Emeka y Mama Tope me ha sorprendido especialmente por su evolución. Todos han dejado algun tipo de huella en mí, incluso Baba Tope, aunque en su caso no haya sido precisamente una huella de buenos sentimientos. Me ha gustado comprobar como cada uno, a su manera, ha ido evolucionando y mostrando diferentes facetas a medida que avanzan los acontecimientos.
En cuanto al ritmo reconozco que el principio es algo más pausado, pero la historia va cogiendo fuerza capítulo a capítulo hasta conseguir atraparte. No es una novela que busque engancharte a base de grandes sobresaltos, sino que va construyendo poco a poco un vínculo con sus personajes y sus vivencias. La trama y el estilo de la autora van de la mano, con una narración íntima y emotiva que permite meterte de lleno en la historia y comprender lo que sienten sus protagonistas. Además, ese puntito de drama está muy bien integrado y resulta necesario para llegar a disfrutar de un desenlace que me ha dejado con un nudo en la garganta y, al mismo tiempo, una maravillosa sensación de paz en el corazón.
Otro de los aspectos que más he disfrutado ha sido descubrir un poquito más sobre la Nigeria colonial, su cultura y las circunstancias sociales y políticas de aquellos años. La novela está ambientada entre 1939 y 1945, en un contexto marcado por la Segunda Guerra Mundial y por el dominio británico. Un escenario en el que las mujeres tenían que enfrentarse no solo a las imposiciones de una sociedad profundamente machista, sino también a las decisiones de unos hombres que apenas tenían en cuenta sus deseos o necesidades. Sin embargo, entre sus páginas también encontramos mujeres que se apoyan, que se mantienen leales unas a otras y que empiezan a reclamar el lugar que les corresponde.
En definitiva, El mercado de la esperanza ha sido una lectura que he disfrutado muchísimo. Una novela sobre la evolución personal, la valentía y la búsqueda de la libertad, pero también sobre la importancia de contar con otras mujeres cuando el mundo parece empeñado en ponértelo todo cuesta arriba.
Lo recomiendo especialmente a quienes disfrutan de las historias que se cuecen a fuego lento, de esas que invitan a detenerse, saborear cada capítulo, cada párrafo y cada palabra. Porque esta no es una lectura para devorar con prisas, sino para paladearla con calma y dejar que sus personajes encuentren un huequito en ti.