COLABORACIÓN
Un viaje íntimo de transformación personal
La historia está narrada en primera persona por Ana, su protagonista. Desde el inicio, María nos sumerge en los recuerdos de una mujer que ha vivido muchas vidas dentro de la suya. Su infancia, marcada por la desestructuración familiar y la búsqueda de afecto, da paso a una juventud llena de preguntas, decisiones difíciles y una necesidad muy humana: la de encontrar un lugar en el mundo donde poder ser ella misma.
Lo interesante de esta narración es que no se apoya en giros argumentales espectaculares ni en una estructura compleja. Su fuerza está en lo cotidiano, en esa voz íntima que va revelando pedacitos de la protagonista como si se tratara de una conversación entre amigas en una cafetería. A través de Ana, la autora aborda con sensibilidad y madurez temas como la maternidad, los distintos tipos de amor (familiar, romántico, propio), la resiliencia y la constante búsqueda de la felicidad.
Reconozco que durante los primeros capítulos estuve bastante perdida. Las reacciones de Ana me desconcertaban y no terminaba de entender hacia dónde se dirigía la historia. Pero esa sensación se fue diluyendo a medida que me dejaba llevar. Y entonces sucedió: la conexión. Esa clase de vínculo lector-protagonista que se da de forma natural cuando comprendes de dónde viene el personaje, por qué actúa como actúa, y descubres que detrás de cada gesto hay una herida, una lucha o un aprendizaje.
El ritmo ágil y los capítulos cortos contribuyen mucho a que la lectura fluya. Y aunque al principio cuesta un poco entrar, la recompensa es clara: un relato sincero, emotivo y con una evolución coherente y realista.
Tierra de por medio es una de esas novelas que van de menos a más. Que te exige paciencia, sí, pero también te lo devuelve en forma de emociones genuinas y reflexiones valiosas. No es una historia grandilocuente, sino una de esas lecturas que se cuelan poco a poco, que susurran en lugar de gritar, y que al final logran quedarse contigo más tiempo del que esperabas.
Gracias, María, por confiar en mí y por hacerme llegar esta historia en su edición digital. Ha sido un placer acompañar a Ana en este viaje tan personal y reconocer, en muchas de sus emociones, pedacitos de tantas lectoras.