MI NOMBRE ES CELESTINA




 






















Toda leyenda tiene un origen... y este es el de Celestina

   Cuando empecé Mi nombre es Celestina, no esperaba que fuera mucho más que un simple “origen” del personaje que todos conocemos de La Celestina de Fernando de Rojas. Pero pronto descubrí que esta novela es una obra completa por derecho propio: no solo revela la infancia y juventud de Celestina, sino que nos permite entenderla, comprender cómo se forja su carácter, sus sombras y sus decisiones, y empatizar con una mujer que la historia recuerda por su astucia y su frialdad.

  Celestina es el corazón de la novela, y Desirée Baudel hace un trabajo excepcional mostrando cómo se construye a partir de sus vivencias.
   Es muy humana, con luces y sombras, y acompañarla en su camino resulta natural. No siempre toma decisiones moralmente correctas, pero sus actos tienen sentido dentro del mundo cruel que la rodea. Cada experiencia, cada elección, contribuye a su formación, y la narrativa nos permite sentir su evolución de manera orgánica y profunda.

   Los personajes que rodean a Celestina aportan profundidad y realismo. Sancha, que cuida de Celestina durante su infancia, es controladora y manipuladora, ejerce violencia y utiliza a la joven para sus propios fines, dejando una huella imborrable en su carácter.
Munia, por el contrario, sufre abuso y maltrato a lo largo de la historia, y aun así permanece fiel a Celestina cuando podría huir y salvarse. Esa fidelidad dolorosa y fascinante refleja la complejidad de los lazos entre mujeres en un mundo que no les da opciones.
   Pero no son las únicas, todas las mujeres que aparecen a lo largo de su vida, desde las rameras con las que convive más adelante, hasta la lavandera, la partera y otras figuras que marcan su camino, tienen su propio peso y reflejan distintos aspectos de la supervivencia femenina en esa época. Cada una contribuye a que el mundo de Celestina se sienta rico, complejo y auténtico, mostrando la fuerza, la astucia y las sombras de quienes viven al margen de la sociedad masculina.

   La novela sitúa al lector en el siglo XV, desde la guerra de sucesión tras la muerte de Enrique IV hasta tiempos cada vez más peligrosos con la Santa Inquisición. Baudel integra la historia política y social de la época sin frenar la trama, haciendo que el siglo XV se sienta vivo y auténtico.
   La libertad de la mujer aparece como inteligencia y supervivencia, no rebeldía abierta, mostrando cómo las mujeres de la época tenían que jugar sus cartas con astucia para poder sobrevivir.
   El estilo de Desirée Baudel es fluido y absorbente, incluso en los pasajes más narrativos. La lectura se vuelve adictiva desde el prólogo y mantiene el ritmo constante, combinando ficción y realidad histórica de manera magistral. La labor de documentación se nota en cada página y aporta un realismo impresionante que enriquece la historia.

   Para los lectores que conocen la obra original, hay un guiño sutil y magistral: un personaje especial aparece de forma discreta, y quienes estén atentos disfrutarán de ese detalle sin que se rompa la magia de la historia.

   Mi nombre es Celestina atrapa desde la primera página, construye personajes memorables y combina historia, emoción y profundidad con maestría.
   La recomiendo especialmente a quienes hayan leído La Celestina, porque descubrir a la Celestina joven y comprender su evolución hace que la experiencia sea doblemente satisfactoria. Pero también es una lectura imprescindible para cualquier amante de la novela histórica y la literatura española.
   Para mí, es un libro que permanecerá en la memoria y merece un lugar destacado entre las lecturas recomendadas del año.

   Gracias al grupo editorial Penguin Random Hause por el envío del ejemplar físico



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