LA LUZ DE SAINT ETIEL (Saint Etiel 1)
Hay historias que parten de una premisa muy atractiva y La luz de Saint Etiel es una de ellas.
Danae, estudiante de primer curso de Filosofía, ve cómo su vida cambia tras la visita de un viejo amigo de su difunto padre. Ese encuentro destapa un secreto oculto durante años y la conduce a la emblemática Universidad La luz de Saint Etiel, un lugar tan fascinante como inquietante, donde nada es exactamente lo que parece.
La novela se mueve en el terreno del misterio y lo hace dentro de un entorno universitario de élite, un espacio cerrado en el que el estatus social es determinante. Las diferencias entre clases, las modas, las apariencias y las dinámicas internas están muy presentes y bien retratadas, convirtiéndose en uno de los aspectos más interesantes de la historia. Ese contraste constante entre quienes pertenecen y quienes solo pueden aspirar a entrar aporta una lectura social muy marcada.
La trama, en general, funciona y resulta sugerente, aunque en algunos momentos se vuelve algo enrevesada, lo que puede afectar ligeramente al ritmo de lectura. No es una confusión grave, pero sí da la sensación de que ciertos tramos podrían haberse simplificado para ganar claridad y fluidez.
En cuanto a la protagonista, Danae es un personaje que cuesta sentir cercano. A pesar de que a lo largo de la historia empieza a mover hilos y a tomar decisiones, su evolución se percibe de forma contenida. Su carácter resulta demasiado tibio, con poca carga emocional, lo que provoca cierta distancia con el lector y hace que el impacto de la historia no sea tan profundo como podría haber sido.
Aun así, La luz de Saint Etiel es una novela que se deja leer, con una ambientación atractiva y una base sólida. Destaca más por lo que plantea (el peso del pasado, los secretos y los privilegios invisibles) que por la intensidad emocional que consigue transmitir.
Una lectura recomendable, con buenos elementos y margen de mejora, especialmente en el desarrollo de su protagonista.
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