Un corazón roto, una aplicación y un universo que no sigue instrucciones
Ava acaba de romper con su novio y decide que ha llegado el momento de encontrar al hombre perfecto, pero, en lugar de dejar que las cosas sucedan de manera convencional, pone en marcha una idea bastante peculiar: crear una app para pedirle al universo exactamente lo que quiere.
El planteamiento ya me parecía divertido, pero lo mejor llega cuando el universo empieza a responder. Pero parece que tiene sus propios criterios a la hora de gestionar pedidos y no siempre está dispuesto a servir exactamente lo que Ava le ha solicitado.
Me ha gustado mucho como la autora desarrolla esta premisa y juega con las expectativas de su protagonista. Lo que comienza pareciendo una comedia romántica bastante convencional va adquiriendo poco a poco otro significado.
Ava me ha encantado, tiene una frescura que se transmite desde las primeras páginas y una manera muy particular de contar su historia. No se limita a narrar lo que le sucede, sino que interactúa directamente con el lector como si estuvieran tomando un café y le estuviera poniendo al día de sus aventuras sentimentales. Sus conversaciones consigo misma también me han regalado momentos realmente divertidos.
Pero no todo han sido aplausos. Ha habido determinadas situaciones, especialmente con su comportamiento con Marcos, en las que me ha costado bastante entenderla. Vamos, que le habría dado un buen tironcillo de orejas.
Y hablando de Marcos, me ha gustado ese personaje paciente al que Ava parece no saber mirar con los ojos adecuados.
También me gustaría mencionar a Enzo, que con su personalidad sin filtros aporta momentos estupendos, y a Alegra, que introduce ese pequeño toque místico que encaja tan bien con la historia. Me habría gustado disfrutar de algo más de Enzo durante algunos tramos, porque creo que es un personaje que podría haber dado mucho más juego.
Una de las cosas que más he disfrutado y que es para mí el verdadero encanto del libro es como la autora intercala pequeñas reflexiones sobre el amor propio, las expectativas, las relaciones y el desarrollo personal. Lo hace a través de esos pequeños fragmentos e instrucciones de la app, utilizando las situaciones cotidianas y las comparaciones con los pedidos a domicilio. Y me parece una manera maravillosa de hacerlo ya que no he tenido en ningún momento la sensación de estar leyendo un libro de autoayuda disfrazado de novela romántica. Todo está integrado con tanta naturalida que las reflexiones aparecen mientras se disfruta de la historia, sin interrumpirla ni quitarle frescura
La estilo de la autora es ágil, cercano y muy entretenido. Los capítulos son cortos y la lectura avanza prácticamente sola. Aunque hubo un momento en el que noté cierto estancamiento, la historia vuelve a recuperar enseguida su ritmo.
En cuanto al romance encontramos algunos clichés bastante reconocibles y unos giros que, personalmente, he visto venir con bastante antelación. Quizá esperaba alguna sorpresa más, pero creo que la originalidad de esta novela no reside tanto en sorprender con lo que sucede, sino en la manera de contar la historia y en todo lo que consigue transmitir.
He terminado esta historia con la sensación de haber disfrutado de una lectura mucho más completa de lo que imaginaba cuando la inicié. Me he divertido con Ava, he disfrutado de sus ocurrencias, he tenido ganas de darle algún que otro toque de atención y, sobre todo, me he quedado con esas pequeñas reflexiones que la autora ha sabido esconder entre citas, pedidos y situaciones románticas.
Creo que es una lectura que disfrutarán especiamente quienes busquen una comedia romántica con un poquito más de profundidad. Pero si no te convence la mezcla entre romance y desarrollo personal puede que no termines de conectar del todo con su propuesta.
Por mi parte, me ha parecido una forma muy original de recordarme algo que a veces olvidamos: no siempre necesitamos que la vida nos entregue exactamente lo que hemos pedido, a veces lo que realmente necesitamos es estar dispuestas a recibir algo diferente. Y, quién sabe, quizá el universo tenga bastante mejor criterio que nosotras mismas.