Curiosidad literaria de julio: el paseo en barca que dio vida a Alicia en el País de las Maravillas
El 4 de julio de 1862, nadie podía imaginar que un tranquilo paseo en barca por el río Támesis acabaría dando origen a uno de los clásicos más queridos de la literatura universal.
Aquel día, Charles Lutwidge Dodgson (más conocido como Lewis Carroll) salió a remar junto al reverendo Robinson Duckworth y las tres hermanas Liddell: Lorina, Alice y Edith. Para hacer el trayecto más entretenido, comenzó a improvisar un cuento sobre una niña que seguía a un conejo blanco hasta un mundo donde todo parecía imposible. Una de aquellas niñas, Alice Liddell, quedó tan fascinada con la historia que le pidió un favor que cambiaría para siempre la historia de la literatura: «Por favor, escríbela para mí». Y así comenzó el viaje de Alicia en el País de las Maravillas.
Lo que empezó como una simple historia para entretener una tarde de verano fue creciendo poco a poco. Lewis Carroll desarrolló aquel relato improvisado durante los meses siguientes, añadió nuevas escenas y realizó él mismo las primeras ilustraciones del manuscrito. Finalmente, se lo regaló a Alice con el título Alice's Adventures Under Ground (Las aventuras de Alicia bajo tierra). Aquel manuscrito sería la semilla de una de las obras más influyentes de la literatura universal.
Tres años después, en 1865, la historia se publicó con el título Alicia en el País de las Maravillas, acompañado de las inolvidables ilustraciones de John Tenniel.
Desde su publicación, el libro conquistó a lectores de todas las edades gracias a su imaginación desbordante, sus personajes inolvidables y sus juegos de lógica, lenguaje y fantasía. Sin embargo, Lewis Carroll nunca olvidó cómo había nacido aquella historia.
Al publicar la novela, Carroll quiso rendir homenaje al día en que todo comenzó. Por eso abrió el libro con un poema titulado "All in the Golden Afternoon" ("Toda en la tarde de oro..."), dedicado a aquel paseo por el río Támesis.
En sus versos recuerda la cálida tarde de verano en la que tres niñas le pidieron un cuento y cómo, casi sin darse cuenta, aquella narración improvisada terminó convirtiéndose en un clásico que ha acompañado a generaciones de lectores.
Es un pequeño detalle que muchos pasan por alto, pero que convierte el propio libro en un homenaje a su origen.
Cada 4 de julio, lectores, bibliotecas, librerías y amantes de la obra celebran el Alice's Day, una jornada dedicada a recordar el nacimiento de Alicia en el País de las Maravillas.
La fecha no conmemora la publicación del libro, sino aquel paseo de 1862 en el que Lewis Carroll comenzó a inventar la historia para entretener a las hermanas Liddell.
Gracias a los diarios personales del propio Carroll y a los recuerdos que Alice Liddell escribió años después, conocemos con bastante precisión cómo transcurrió aquella excursión que acabaría formando parte de la historia de la literatura.
Resulta fascinante pensar que uno de los libros más importantes de la literatura infantil no nació en un despacho ni durante años de planificación sino que nació en una barca, bajo el sol de un día de julio, mientras un profesor inventaba un cuento para hacer más entretenido un paseo. Y quizá esa sea la mayor magia de esta historia, porque demuestra que las ideas más extraordinarias pueden surgir en los momentos más cotidianos.
A veces, basta una conversación, un paseo o una simple tarde de verano para dar vida a un mundo capaz de fascinar a millones de lectores durante generaciones.