Cita a ciegas con mi jefe
Helena huye de Nueva York con la esperanza de empezar de cero en San Francisco. Su mejor amiga le consigue trabajo en una librería (plan perfecto) y, de paso, le crea un perfil en una app de citas (plan cuestionable). Lo que empieza como una cita sin expectativas, con un surfero irresistible y la promesa de una sola noche sin complicaciones, se convierte en el clásico “Houston, tenemos un problema”: el misterioso desconocido resulta ser su nuevo jefe.
Y no uno cualquiera.
Matthew, por su parte, no solo tiene que gestionar la sorpresa de encontrarse a su aventura nocturna fichando como nueva empleada, sino que además su ex es la dueña de la librería. Sí, el desastre está servido. Y lo que podría haber sido un romance ligero se convierte en un delicioso tira y afloja cargado de tensión, orgullo y una atracción imposible de ignorar.
La novela está narrada a dos voces, lo que permite entrar en la cabeza de Helena y Matthew y entender sus contradicciones, sus miedos y ese constante pulso emocional que define su relación. El trope “enemies to lovers” funciona aquí con frescura, sin caer en exageraciones forzadas, y las escenas íntimas están narradas con gusto, integradas en la historia y al servicio de la evolución de los personajes.
Pero no todo es romance y spicy. También hay espacio para abordar relaciones tóxicas y dinámicas posesivas que rozan el maltrato psicológico, un tema que aporta profundidad y equilibra la parte más ligera de la trama. Esa combinación entre comedia romántica, tensión emocional y crítica sutil le da al libro un punto más interesante de lo que su título podría sugerir.
Y si hay alguien que me llevo directamente al corazón es Kate. Directa, bruta, leal hasta la médula. Ese tipo de amiga que te dice lo que no quieres oír pero necesitas escuchar. Un personaje secundario que brilla con luz propia y que, sinceramente, roba escenas sin pedir permiso.
En definitiva, Cita a ciegas con mi jefe es una novela fresca, ágil y adictiva, que demuestra que a veces hay que darle una oportunidad a esos títulos que nos hacen desconfiar. Porque entre librerías, citas fallidas y jefes demasiado atractivos, puede esconderse una historia que te atrape más de lo que esperabas.
Y sí, lo confieso: esta vez “mi jefe” me ha convencido.
